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Recordando el tren de Tomelloso – Ed.370

Recordando el tren de Tomelloso

         Tomelloso y Argamasilla de Alba están conmemorando el centenario de la llegada del tren a ambas localidades, teniendo en cuenta que se trató de una línea que terminaba en Cinco Casas. En esta estación, los viajeros hacían transbordo hacia las líneas de Madrid, Andalucía y Levante, principalmente.

         Los antecedentes de este ferrocarril, pasan por la aprobación en 1852 del proyecto de un ferrocarril de Ciudad Real, pasando por Tomelloso, Argamasilla de Alba, Manzanares y Almagro, hasta enlazar con la línea de Almansa, en Socuéllamos. Incluso se iniciaron los trabajos en 1853, siendo abandonados posteriormente.
         Cuando pretendieron unir Alcázar de San Juan a Ciudad Real a través del estuario del Guadiana, ejecutado aprovechando un primitivo proyecto, surgieron presiones de las fuerzas vivas de Tomelloso y Argamasilla de Alba, en el sentido de que se forzara el enlace en Socuéllamos. Esta reclamación llevó a la redacción de un proyecto, en 1853, que contempló en una de sus partes el trayecto por Socuéllamos a Tomelloso y Argamasilla de Alba.
         Esta iniciativa no prosperó. Un nuevo proyecto en la zona, redactado en 1873, unía Tomelloso con Ventas de Herrera mediante una línea de vía estrecha, que corrió la misma suerte que el anterior. Otros proyectos, uno de 1890 y otro de 1904, pretendieron unir Argamasilla con Tomelloso.
         En 1906 una sociedad local de Tomelloso, presidida por Francisco Martínez Ramírez, conocido como ‘El Obrero’, logró reunir en suscripción popular 800.000 pesetas, llegando a solicitar la línea a las Cortes, no obstante por divergencias entre los miembros de la sociedad promotora se pospuso el proyecto.
         El 30 de agosto de 1907 el Gobierno autorizó la concesión de un ferrocarril de vía ancha, entre Argamasilla de Alba y Tomelloso, con arreglo al proyecto presentado por ‘El Obrero’, declarando al ferrocarril de utilidad pública a efecto de las expropiaciones. El presupuesto de construcción se cifró en 1.200.000 pesetas, completando las 400.000 restantes con un impuesto municipal sobre los vinos de la zona.
         Haciendo una pequeña crónica de la línea Tomelloso hacia Cinco Casas, la Revista Mundo Gráfico decía que «el 24 de diciembre de 1912 fueron inauguradas las obras del ferrocarril de Argamasilla a Tomelloso, a cuyo acto asistieron representaciones oficiales e ilustres personas. Entre ellas, el General Aguilera, el senador Arturo Ballesteros, el marqués de Casa-Pacheco y los más distinguidos de ambas villas.
         Estas obras que aseguran el porvenir de los dos pueblos, tienen realidad después de una prolongada labor y grandes sacrificios. El éxito -señalaba Mundo Gráfico- se debe a la perseverancia de Francisco Martínez Ramírez, a la gestión financiera de Cayetano Lapoya y al concurso valiosísimo de los señores Germán Valentín, Ignacio Pidal, José Miguel Ortiz y Enrique Navarro, que forman parte del Consejo…».
         La realidad es que, el 15 de enero de 1914 se estrenó el primer tramo de Argamasilla de Alba (denominándose años más tarde Cinco Casas) la estación de enlace. Después, el 10 de septiembre el ferrocarril llega a Tomelloso, lo que supuso la conclusión de esta emblemática infraestructura que permitía el servicio de viajeros y daba salida al transporte de los productos de ambas localidades, principalmente vinos y holandas.
         Las obras fueron realizadas por la Compañía MZA (Madrid, Zaragoza, Alicante), llegando a utilizar materiales y elementos de vía usados, aunque técnicamente el trazado no planteó ninguna dificultad al discurrir por llanura. En 1920 dicha firma abandona la explotación por la falta de rentabilidad, quedando en manos de la Compañía Cinco Casas a Tomelloso, donde ‘El Obrero’, ocupó el cargo de director general.
         Para superar ciertas dificultades de financiación y capital, los municipios de Argamasilla y Tomelloso decidieron subvencionar a la compañía con 600.000 pesetas, recibiendo autorización para la creación de un arbitrio sobre los morapios de la zona a razón de 5 céntimos por arroba de vino. Dicha subvención fue objeto de una Ley especial en el Senado, posiblemente la primera de su género establecida en España. Finalmente, este gravamen fue autorizado, regulado y desarrollado por el Consejo de Hacienda y posteriormente prorrogado por este mismo organismo.
         Curiosamente, en el período de la Guerra Civil (1936/1939) no se vio alterada esta estructura ya que en Tomelloso no se produjo ningún tipo de bombardeo, en contraposición a lo que había ocurrido en otras poblaciones de la provincia. Esta circunstancia fue debido a los intereses que los grandes productores jerezanos tenían en la localidad (como Domecq, González Byass y Osborne, entre otros), los cuales presionaron a las fuerzas nacionales para que no hubiese ningún tipo de hostigamiento.
         Tras desaparecer la mencionada Compañía, esta línea pasó a formar parte de RENFE a partir de 1941, lo que supuso la integración con el resto de ferrocarriles de ancho ibérico (utilizado en todo el territorio español). A partir de ese momento, el servicio de viajeros y de transporte de mercancías mejoró dado que apenas existían medios alternativos.
         El incremento de tráfico ferroviario, en la década de los cincuenta y sesenta, hizo que apareciera la tracción diesel (ómnibus y automotor) que, hasta ese momento, había sido exclusivamente de vapor. Estas locomotoras arrastraban los incómodos coches en lo que habitualmente había uno de primera clase y resto de tercera. Indistintamente, las locomotoras arrastraban trenes mixtos, de viajeros o de mercancías de vinos y alcoholes a la comarca de Jerez, principalmente.
         Como consecuencia de este vaivén, a inicio de los sesenta Gustavo Lahoz Serrano fue uno de los creadores de la empresa INVATRA, S. A., dedicada a la reparación de toda clase de vagones y construcción de cisternas, muchas de ellas, propiedad de las alco-holeras tomelloseras, que se identificaban por llevar su nombre.
         La merma del servicio férreo empezó a surgir a mediados de los sesenta a raíz del crecimiento de los transportes por carretera y el aumento de autocares, beneficiados por la mejora de las vías interurbanas, lo que permitía ganar tiempo y dinero por el abaratamiento de precios. Por ello, el 21 de noviembre de 1970 RENFE dicta el cierre del servicio de viajeros, y en 1980 suspende las líneas de transportes para que, a inicio de los noventa, se procediera al desmantelamiento del ferrocarril.
         Lo más curioso fue que el cierre de las estaciones de Tomelloso y Argamasilla de Alba no provocó ninguna queja social ni política, por no ser conscientes los dirigentes del alcance negativo que tuvo esta medida, perjudicando seriamente los intereses futuros de la comarca. Además, se daba carpetazo al trabajo que realizó ‘El Obrero’, como promotor y director de este servicio que duró cincuenta y seis años.
         Quizá el hecho de que este ferrocarril fuera un ramal y no estuviera integrado en las grandes líneas que cruzan la península, propició esta medida.

Tren maqueta Parra-15         En homenaje a la importancia que tuvo el tren para sendas poblaciones, el 5 de abril de 1987 circuló por última vez el tren, denominado ‘Manantial del Vino’, que recorrió unos kilómetros. Este evento fue organizado por el Ayuntamiento, cuando Clemente Cuesta era alcalde.
         Recientemente el Centro Cultural ‘Posada de los Portales’ ha sido testigo de una interesante exposición realizada por el estudiante Howard Gil, compuesta por una colección de fotografías, documentos históricos, esquemas y planos relacionados con la histórica línea férrea, a la que se unió una maqueta a escala de las dos estaciones, así como de los trenes y vagones en miniatura, cedidos por el tomellosero e investigador, Vicente Lara.
         Después, esta exhibición pasó a la Casa de Medrano de Argamasilla de Alba, por ser la segunda población afectada por la desaparición del tan traído tren, teniendo igualmente una gran respuesta ciudadana.
         Por su parte, el artista tomellosero, Jesús Parra, se sumaba a esta conmemoración ofreciendo otra maqueta de la antigua estación, en la que resaltaba el automotor, la locomotora de vapor tirando de foudres, vagones y cisternas. Igualmente, en un local de la calle Francisco García Pavón, mostró fotografías originales que calaron entre los numerosos vecinos.
         Hablando con alguna de las personas que aún recuerdan el tren en Tomelloso, hacen de él un discurso poético, por la estampa preciosa que se vislumbraba cuando andaba por la llanura manchega. Algunos hombres hablaban del ir y venir de carretones procedentes de las bodegas y las fábricas de alcohol para cargar en los foudres y cisterna que esperaban en las vías muertas. Otros mencionaban a los familiares despidiendo a los quintos, que suponía un gran acontecimiento para el pueblo.

* Edición 370

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