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Recordando al insigne pintor, Antonio López Torres

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Está a punto de cumplirse treinta años del fallecimiento del maestro Antonio López Torres, dejando una huella pictórica que aún nadie ha logrado cubrir. PASOS hizo un seguimiento de las dolencias que padeció el artista hasta su fallecimiento el 15 de noviembre de 1987.

Dicha fecha será recordada por el vacío que dejó en el mundo de las artes, como coincidieron en exponerlo las numerosas personalidades que acudieron al sepelio, encabezado por su sobrino López García, sin obviar al resto de su familia, así como admiradores y un gran número de vecinos. En su Museo permaneció la capilla ardiente, hasta que la caja fue a hombros a la Parroquia de ‘La Asunción’, donde el sacerdote teatino y escritor, Valentín Arteaga, fue el encargado de oficiar una emotiva misa.
Hablar de la trayectoria de tan insigne pintor resulta muy laborioso, por la personalidad reservada del autor, si bien fue un hombre muy enamorado de la naturaleza, algo que se puede contemplar en la mayor parte de sus trabajos.
Antonio López nació en Tomelloso en 1902, en el seno de una familia de labradores. Desde muy joven comenzó a pintar, simultaneando con las labores del campo. Al poco tiempo, Ángel Andrade (pintor de Ciudad Real) descubrió las cualidades de este joven prometedor cuando vio el cuadro ‘Autorretrato’ que Antonio había realizado en 1921.

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“Autorretrato”

Todo ello, sirvió de acicate para que realizase su carrera en la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real y en la Real Escuela de Bellas Artes de ‘San Fernando’ de Madrid, en la que fue considerado como un hombre intuitivo y muy profesional. De hecho, se empezó a vislumbrar su carácter realista con ciertos matices naif, circunstancia por la que fue becado en Roma, aunque no pudo disfrutar de esta ayuda por coincidir con la segunda guerra mundial.                                                                        PINTÓ A SU TIERRA

Aunque recorrió diferentes lugares de la geografía española, especialmente en Mallorca, la mayor parte de su actividad profesional la desarrolló en su tierra natal, a la vez que ejerció como profesor de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Ciudad Real. En su última etapa como docente, el maestro optó por impartir clases en la Escuela Joyería de Madrid, con el fin de poder estar más cerca de su sobrino, Santiago López (estudiante de arquitectura y bellas artes), debido a la estrecha relación que ambos mantuvieron. Durante ese tiempo en la capital de España, surgieron varios dibujos que sobresalen en el Museo López Torres.

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“Niños jugando a las canicas”

A partir de la tercera década del siglo pasado, es cuando Antonio López empieza su producción paisajística, destacando ‘Los dos borricos’, ‘Muchachos en el campo’, ‘Mi abuela Juana’ y ‘Paisaje con niños’. Con la obra ‘Comiendo Sandía’ se adentra en los años cuarenta, etapa de madurez del artista en la que ‘El pastor’, ‘Muchachos cogiendo hierba’ y ‘Niños en un rastrojo’, son algunos de sus trabajos más representativos de los que ha donado y que permanecen expuestos en el Museo López Torres, inaugurado en 1986.

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“Podador Manchego”

Sin duda, este edificio fue la culminación de una de sus grandes aspiraciones, donde se encuentran un centenar de sus obras, entre lienzos y dibujos, en las que reflejó, mejor que nadie, la luz y el paisaje de la tierra manchega; teniendo a la naturaleza y al hombre como fuentes de inspiración. En sus cuadros también cultivó el retrato y las pequeñas tablas, formato en el que plasmó admirables paisajes en bandas horizontales, que tienen la luz del mediodía como principal elemento.
Prosiguiendo con su historia, Antonio realiza su primera exposición en 1935 dentro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, sin desdeñar otras que realiza en Tomelloso, en la que sostuvo que no era un pintor de estudio sino de naturaleza. Por eso, regresó a su tierra natal para seguir retratando el campo castellano.
Después de su jubilación, en 1972, no fue obstáculo para continuar pintando hasta el final de sus días e incluso dar clases gratuitas en el taller del extinguido ‘Juvenclub’ de Tomelloso, sin olvidar las que ofrecía a los jóvenes que se interesaron por su estilo.

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Museo “López Torres”

Por su carácter intimista, López Torres no solía participar en certámenes pictóricos, si bien recibió varios reconocimientos como ‘Hijo Predilecto de Tomelloso’ en 1948; ‘Medalla de Oro de la Ciudad’ en 1979, y en 1984 es reconocido como ‘Tomellosero del Año’, otorgado por la Peña de Tomelloso en Madrid y ‘Castellano Manchego’ por la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid.
Con motivo de esta conmemoración, el Ayuntamiento de Tomelloso tiene pensado rendir un homenaje a tan insigne pintor, contando con la colaboración de la Asociación Cultural ‘Cicato’.

Edición 386/17

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Numero de entradas : 9979

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