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Plantas y humanos -Ángel Bernao Berruguete, Escritor- Ed. 390

¿Qué relación existe o puede existir entra las plantas espontáneas o cultivadas en comparación con el ser humano?

Podríamos decir con total seguridad que casi todos están íntimamente relacionados. No es necesario decir, por ser evidente, que las plantas no hablan y las personas se comunican con la palabra, pero esto no es totalmente cierto, porque las plantas tienen su propio sistema de comunicación. Por lo tanto no creo que exista una clara diferencia entre el ser humanos y los vegetales. Veamos el porqué.

De forma muy general, las plantas y las personas tienen todo en común: Nacen, crecen, se alimentan, aprenden a vivir, se reproducen, dan sucesores y fallecen o se marchitan. No existen diferencias entre el ciclo biológico de ambos. Sí es cierto en que el medio natural donde se desenvuelven y habitan los vegetales, es inmutable y que, además, no tienen servicios de la Seguridad Social, salvo que su propietario las proteja como si fuera un médico, pero, a diferencia de los humanos, los mecanismos genéticos y naturales de las plantas es superior al nuestro.

En cuanto al sexo las plantas pueden ser masculinas, femeninas, hermafroditas y sin reproducción reconocida (de estos últimos existen muchos ejemplares de plantas en las paseos y jardines; podríamos decir que son los solteros o los que no tienen pareja con quien reproducirse).

Indagando con mayor abundancia los seres humanos tienen que aprender, estudiar, convivir, mientras que las plantas nacen aprendidas, con sus propios mecanismos de autodefensa y, en condiciones normales, no necesitan ayuda ni apoyo del exterior cuando enferman.

Exceptuando esta pequeña diferencia, las personas son tan agresivas, prepotentes y tan ofensivas como lo son las plantas. Unos y otras se instauran en un determinado lugar y lo primero que hacen es marcar su territorio que defienden a capa y espada y luchan para que nadie les pise el terreno, que aunque pudiera entenderse que es un comportamiento poco racional, es una cuestión connivente en ambas especies.

En cuanto al medio ambiente todos tienen calor y frío, y cada especie se defiende como puede: las personas mediante abrigo, calefacción, disfrute al aire libre y las plantas mediante distintos sistemas biológicos de su propia genética: la apertura o cierre de poros, dejando de vegetar, adsorbiendo mayor cantidad de alimentos y agua. Por tanto no hay diferencias significativas.

Como vamos comprobando la existencia de claras separaciones vitales entre ambas especies no son tan significativas como cabe pensar, aunque evidentemente el período biológico y el ciclo de su evolución transcurre temporalmente y está condicionado en ambos casos a un proceso antropológico que hace evolucionar su controvertida existencia.

Pero lo que es innegable es que las plantas proporcionan mayores beneficios a los humanos que los humanos a las plantas, porque nos aprovechamos de sus recursos de distintas formas: frutos, madera, adornos y producción y transformación industrial, mientras que los pocos beneficios o ayudas que ellas reciben se limitan a una explotación masiva de sus recursos y a obligarlas a exceder y desequilibrar su periodo evolutivo biológico natural.

Lo más interesante de este artículo se entiende bajpo el punto de vista más importante de tosoa la exposici´no y es que el ser humano no puede vivir sin las plantas, miebtras que las plantas y las masas vegetales mno necesitan de la actuación del hombra para poder vivir y desarrollarse, porque hasta la especia animal depende de la misma manera de la oferta vegetal que exista en cada zona.

La perviviencia de los vegetales se autorewproduce sin necesidad de nuevso pobladores, mientras que el exterminio de eres humanos necesita de una nueva introducción de otros nuevos.

Los incendios forestales son un ejemplo laro. Aunque queden ttotalmente calcinados al cabo del tiempo se repueblan por sí mismos, mientras que en zonas humanas exterminadas, como ha ocurrido y aún ocurre en al gunos países, solamentees posible con una nueva introducción de otras gentes.

Podríamos finalizar que las plantas que cultivamos, las espontáneas y todas las nuevas especies introducidas por hibridación y/o mutación natural o genética son tan seres vivos como las personas y me creo en la necesidad de asegurar que como nosotros disponen de un sistema de pervivencia muy similar a los modos de vivir de la población humana.

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