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La profesión de político – Ismael Álvarez de Toledo y Perales

 

La profesión de político

ISMAEL ÁLVAREZ DE TOLEDO Y PERALES

Miembro de la Asociación de Escritores de Castilla-La Mancha


        Ser político, en los tiempos que corren, es sinónimo de canalla, golfo, sinvergüenza o cualquiera de los muchos improperios que se puedan dar cita en el diccionario o en el vocabulario de la calle más barriobajera del planeta. Pero las cosas no suceden por sí solas. A nadie se le ocurre llamar chorizo o delincuente al barbero de mi calle, como no se le ocurre decírselo al panadero o a la señora del kiosco de los helados. Todo tiene un por qué, un antes y un después y, como decía mi abuelo, «algo habrá hecho si se lo dicen». Quiero decir con esto, que la mala fama que pueda tener un particular o un colectivo concreto; como ocurre con los taxistas, los controladores aéreos o los funcionarios, no define a la mayoría de sus miembros, pero «cuando el río suena…».

        La crisis actual y los casos de corrupción que salpican a diario los periódicos con fotos de políticos e incluso de miembros de la Familia Real, se alternan con las de desalojos, hambruna y bancos de alimentos a rebosar. «No se donde vamos a parar  -decía el otro día uno en un bar- cuando no haya para nadie a ver de que comen los políticos».

        Pues a eso voy, que no se sabe de que van a comer. La idea la acaba de dar hace unos días la presidenta de Castilla-La Mancha y a la sazón secretaría general del Partido Popular, con lo de rebajar, suprimir o recortar, tanto sueldos como cargos políticos. Haciendo caso del pensamiento popular y de las voces de la calle ha metido el dedo en la llaga. Ha puesto en las portadas de los medios de comunicación el pensamiento de la inmensa mayoría de los ciudadanos: que los políticos trabajen por vocación.

        En época de vacas gordas, donde no se tiene en cuenta, al menos de una manera tan exhaustiva que se hace con lo público, a los políticos se les llena la boca al hablar de su función, como de compromiso con el pueblo, vocación de servicio público, ayudar a sus convecinos en general; vamos. Digo yo que si fuera eso cierto podían desempeñar su cargo de manera altruista como hacen muchos concejales y presidentes de comunidades, pero no, no van por ahí los tiros.

        Ser político no es tener una vocación de servicio hacia los demás. En todo caso esa vocación hay que asignársela a los médicos sin fronteras, a los voluntarios de las ONG´s que van por la vida con la utopía por bandera, pensando que en el mundo hay gente más buena que mala y que los hijos de puta sólo existen en el primero de esos mundos. Ser político es mucho más descabellado que todo eso, porque cuando uno elige esa “vocación” ya está pensando en sus posibilidades para llegar a líder de algo o en barrer para adentro lo más y mejor que pueda.

        La tesitura que marca la señora de Cospedal no es ‘pecata minuta’ (-moco de pavo- que dirían en mi pueblo y en algún otro). Se trata ni más ni menos que de cambiar el modelo de retribuciones a los diputados -seguro que no se quedaba ahí la cosa- en un país donde la mayoría de los cargos públicos no tiene ni oficio ni beneficio, pero una cara más dura que el granito y un cinismo capaz de inventarse currículos para impresionar al del escaño de la lado.

        Las reacciones no se han hecho esperar y, como suele ocurrir, los primeros que se han retratado han sido los que ven peligrar el único status que tienen y el dinero que por ello consiguen. De ser una realidad el planteamiento y propuesta de la presidenta de Castilla-La Mancha, de que van a vivir los maridos de, los hijos de, los hermanos de y demás parentela. Seguro que desde su propio Partido también le dan un toque de atención, ya que con esa medida dejaría en la calle al hijo tonto del Conde de los Monteros -que no se si es un título que existe- pero que ejerce de subsecretario de no se que leches, o al primo del primo del que ocupa el escaño ciento cinco -por decir algo-.

        Los socialistas han tachado la medida de demagógica, pero no han dicho si se van a rebajar los sueldos. Los comunistas -perdón Izquierda Unida- han callado la boca por si se ponen de acuerdo los dos grandes Partidos y se quedan en la calle y el resto como dice el refrán, «cuando las barbas de tu vecino veas cortar…».

        En definitiva, que me parece muy bien, aunque con matices, el anuncio y compromiso de la ‘Cospe’, para mejorar la imagen de los políticos, empezando por los de su cantera. Me parece bien que ejerzan de abogados, médicos, ingenieros o porteros de discoteca, y que después, en sus ratos libres dediquen su tiempo a mejorar la vida de sus paisanos y sean de vocación política.

        Seguro que si así lo hacen -no caerá esa breva- se les tendrá en mejor consideración, serán felicitados por la calle, distinguidos en homenajes públicos, llamados a apadrinar niños y a dar el vino de honor en la inauguración de las empresas y, sobretodo podrán vivir tranquilamente en sus pueblos sin necesidad de esconderse por haber hecho alguna barrabasada.

        Hágalo así señora Cospedal y no se quede en las primeras matas, meta la guadaña a fondo y veremos cuantos quedan. Vamos a ver que pasa con la telefonista que llegó a Ministra, con el Diputado que salió del paro, o como dice el cantar: «con el más capullo de mi clase, que elemento, que está en el Parlamento».

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