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Hipertensión Arterial, ¿la respetamos lo suficiente? – Leonardo Mancipe Vesga – Ed.383

Hipertensión Arterial, ¿la respetamos lo suficiente?

LEONARDO MANCIPE VESGA

(doctor Medicina General)

Doctor measuring blood pressure - studio shot on white background

Todos hemos tenido un familiar o amigo, que afirma no sufrir de enfermedad alguna, incluso al preguntarle por la hipertensión, la desconoce como condición suya o bien nosológica aunque diga que se toma alguna «pastilla», efectivamente un antihipertensivo (medicamento para combatir la hipertensión). Esto, más allá de ser algo jocoso o un simple malentendido, causa preocupación en el ámbito de la sanidad pues es sabido el riesgo potencial que esta patología puede suponer en los pacientes, deteriorando a corto y largo plazo diferentes órganos como el cerebro, ojos, corazón, riñones, entre otros.

Se entiende por hipertensión arterial (HTA), la elevación de la presión sanguínea por encima de los niveles considerados normales (generalmente debe estar por debajo de 140/90 milímetros de mercurio). Existen 2 tipos de HTA, una es la primaria o esencial, cuyas causas no se conocen y la otra es debida a ciertas condiciones patológicas que pueden provocarla, por lo cual es conocida como HTA secundaria.
Aun así, se han establecido algunos factores que pueden estar relacionados con el desarrollo de HTA, por ejemplo el hecho de ser afroamericano, obeso, mantener altos niveles de estrés o ansiedad, consumo excesivo de alcohol o de sal, antecedentes familiares de HTA, diabetes y el tabaquismo.

Por otro lado, es posible que se desarrolle secundariamente en personas con enfermedades renales, trastornos endocrinológicos como hiperparatiroidismo y de las glándulas suprarrenales o bien por alteraciones de las arterias renales.

Es por esta razón que si presentamos alguna de las condiciones mencionadas previamente o tenemos más de 40 años, se debe acudir al servicio médico, ya que el diagnóstico de esta patología es en un alto porcentaje clínico, fácil de detectar o sospechar en una consulta médica de rutina o al menos sencilla de confirmar sin mayores tropiezos. No se debe esperar a presentar síntomas, dado que generalmente puede cursar durante varios años de manera silente y cuando se presenten los dolores de cabeza, mareos, rubicundez o sensación de calor corporal, ya sea demasiado tarde.

Existe una serie de tratamientos de tipo farmacológico para combatir esta enfermedad, lo cual una vez iniciado debe mantenerse de por vida en la gran mayoría de casos. Sin embargo, un importante pilar del tratamiento de esta condición los constituye la dieta y el ejercicio.

Dieta:

– Preferir el consumo de frutas, verduras, granos enteros y lácteos bajos en grasa.

– Consumo suficiente de potasio (brócoli, plátano, patatas, lentejas).

– Consumir la menor cantidad de grasas, especialmente saturadas.

– Mantener un bajo consumo de sal.

– Mantener un peso para nuestra estatura.

– Limitar el consumo de alcohol y de tabaco.

Además, también se ha visto que puede ser beneficioso el aumento de la actividad física, la cual si no existen contraindicaciones por parte del médico, podría ser de 150 minutos semanales si es ejercicio aeróbico de intensidad moderada o bien, 75 minutos semanales de actividad vigorosa aeróbica. También se ha visto que practicar técnicas de relajación muscular y la respiración profunda puede ayudar a reducir los niveles de estrés. Así mismo es muy beneficioso (además para otras condiciones clínicas), mantener una adecuada higiene del sueño, la cual constituye un interesante tema del que podremos detallar más adelante.

* EDICIÓN 383

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