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Francisco de Quevedo y Villegas – Oscar Raúl Lema Giorgi – Ed. 389

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos nació en Madrid, el 14 de septiembre de 1580  en el seno de una familia de hidalgos.  Era cojo, con ambos pies deformes y una severa miopía; pasó una infancia solitaria, soportando las continuas burlas de otros niños lo que hizo que se volcara compulsivamente a la lectura. De precoz y brillante inteligencia Quevedo dejó a la Literatura Española del Siglo de Oro obras magníficas entre  poemas, prosas y frases. Fue el Rey del “Conceptismo”, un estilo literario propio del Barroco español caracterizado por el uso de formas poéticas basadas en la asociación ingeniosa y rebuscada de conceptos; profundiza en el sentido o concepto de las palabras. Se puede definir como una agudeza mental que da preferencia a las ideas con el fin de impresionar la inteligencia o el deseo de decir mucho con pocas palabras; “la sutileza en el pensar y el decir”. Para conseguir este objetivo utilizan  juegos de palabras como el doble sentido, metáforas. Es  un estilo breve y conciso que utiliza frases o ideas con el fin de impresionar o agudizar la mente. Donde importa más el contenido que la forma.

EL CÉLEBRE E ILUSTRE POETA ESPAÑOL FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS.

De léxico muy abundante, su pluma mordaz, ácida, beligerante, atrevida no dejaba indiferente a nadie.  Hasta él mismo  era objeto de su crítica a través de un severo autocastigo psíquico de raíz religiosa y existencial.

La obra poética de Quevedo, que está constituida por unos ochocientos setenta y cinco poemas, presenta ejemplos de casi todos los subgéneros de su época: poesía satírico-burlesca, amorosa, moral, heroica, circunstancial, descriptiva, religiosa y fúnebre. Aproximadamente,  una tercera parte de sus textos son satíricos; muchos de ellos circularon públicamente en vida del autor, lo que le ocasionó en más  de una oportunidad, serios disgustos y pesares. Era un crítico severo de su época, y de esta crítica no se salvaba nadie, ni tan siquiera personajes ilustres y con poder.

El cauce preferido para la abundante vena satírica de que hizo gala es sobre todo el romance, pero también la letrilla , vehículo de una crítica social a la que no se le esconden los motivos más profundos de la decadencia de España por aquellos tiempos.  La poesía amorosa de Quevedo, considerada la más importante del siglo XVII, es la producción más paradójica del autor ya que, definido como un misántropo y  para alguien que  siente aversión hacia las mujeres o no confía en ellas, fue, sin embargo, el gran cantor del amor y de la mujer. Escribió numerosos poemas amorosos (se conservan más de doscientos), dedicados a varios nombres de mujer: Flora, Lisi, Jacinta, Filis, Aminta, Dora. Consideró el amor como un ideal inalcanzable, una lucha de contrarios, una paradoja dolorida y dolorosa, en donde el placer queda descartado.

Además en su obra se demuestra la obsesión por defender la hegemonía de la Monarquía Hispánica en el mundo, integrándose en la tradición del Laus Hispaniae, instaurada por San Isidoro y utilizada por el propio Quevedo para tratar de recuperar los valores que él pensaba, hicieron poderoso al Reino.

Su amistad con Félix Lope de Vega, otro “Conceptista” aunque en menor grado y Miguel de Cervantes era bien conocida tanto como su odio a Luis de Góngora por ser el mayor exponente del “Culteranismo” que era un estilo literario también  del barroco español caracterizado por el uso de formas poéticas de difícil comprensión, basadas en abundantes y complicadas metáforas. Es una corriente literaria que cultiva la forma de las palabras dejando en segundo plano su contenido. Pretende crear un mundo de belleza, impresionando para ello los sentidos con los más variados estímulos de luz, color, sonido y con un lenguaje ampuloso y culto “un lenguaje dentro del lenguaje”. Donde importa más la  forma que el contenido.

De la frondosa obra de Quevedo, que abarca la Poesía,  las obras Satírico-morales, Festivas, Políticas, Ascéticas, Filosóficas, de Teatro, donde destaca por doquier su virtuosismo, locuacidad e ingenio con el uso de la lengua española, no podemos olvidar “Amor más allá de la muerte”, “Oda al sueño”, “Letrillas llenas de donaire”, “Sonetos eternos”, “La hora de todos y Fortuna con seso” o “La cuna y la sepultura”, y sus famosas frases o citas que perduran a través de los siglos por su simpleza, objetividad y realidad eterna

– “El que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos”.

– “Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”.

– “La soberbia nunca baja de donde sube, pero siempre cae de donde subió”.

– “Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por     una”.

– “Creyendo lo peor, casi siempre se acierta”.

– “Por nuestra codicia lo mucho es poco; por nuestra necesidad lo poco es mucho”.

-“El amigo ha de ser como la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen”.

-“Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan”.

– “El amor es fe y no ciencia”.

– “Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen”.

-“El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor”.

-“El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

– “El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien”.

– “Más fácilmente se añade lo que falta que se quita lo que sobra”.

-“Mejor vida es morir que vivir muerto”.

– “Donde hay poca Justicia, es un peligro tener Razón”

Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, Señor de La Torre de Juan Abad y Caballero de la Orden de Santiago fallece en Villanueva de los Infantes,  el 8 de septiembre de 1645. Un Maestro sin duda, cuyas obras deberían leerse quizás tanto como El Quijote, para comprendernos  más y entendernos mejor,  además de poner en valor todo el acervo  cultural de un siglo inigualable.

 

 

Anteriormente publicado en soporte papel en revista PASOS, edición 389.

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