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Escribió un joven sobre gobernantes cacos y otra “fauna mandona…” -Salvador Jiménez Ramírez, Escritor y Biólogo- Ed. 390

Cavilaciones en Ruidera “Sine ira et studio”

Los apuntes se encontraban, como un recuerdo, reivindicación y amplitud de alivio de un adolescente, que, hace medio siglo, quería hablar con otros, pero también consigo mismo, del devaneo y de la, a veces, sórdida realidad de la vida humana. Estaban en un barnizado baúl, enceldados “en una caja en nada parecida –subrayaría el chaval- a la que Alejandro Magno apartó para sí, de los tesoros ocupados al persa Darío”… Esta era de hojalata, aparte un neceser y otra de cartón. En su interior también aparecieron, muy atezados, un catón, el libro “Rueda de Espejos”; un ejemplar de antiguas fábulas caballerescas, para párvulos, una enciclopedia Álvarez, un tomo del Caballero Andante manchego, otro de escrituras sagradas y unos cuadernillos con latinajos, de autor desconocido.

Con mal enhebrada y atropellada sintaxis, el mozuelo, manuscribió: “Sine ira et studio”. “He leído en el Quijote, que El Espejo de Caballerías y otros libros, el barbero Nicolás y el cura señor licenciado Pero Pérez, los amontonaron en el corral y en el patio, ayudados por el ama de Don Quijote y la sobrina para quemarlos y yo sin saber dónde comprar uno de aquellos libros encantados, “tesoro del contento y una mina de pasatiempos”. Y cuando el barbero tomó el “Espejo de Caballerías”, le dijo el cura que conocía a su merced y que allí quedaba el señor Reinaldos de Montalbán con sus amigos y compañeros más ladrones que Caco. Esto, que guardo en esta caja en nada parecida a la que Alejandro Magno apartó para sí de los tesoros ocupados al persa Darío, no lo escribo ni lo refiero-continuaba el joven- para que cuando lo leas me des una palmada en el hombro, me emparedes o me lapides; tampoco para hacerme famoso. Lo escribo porque es ahora precisamente cuando se lleva el alabar, contentar y glorificar a los pudientes, administradores de justicia y dirigentes, aunque sean unos abusones, engreídos como dioses del Olimpo y unos cacos. En la radio, en los periódicos y los que comentan y escriben, muchos de ellos muy famosos, sólo se preocupan de contentar y realzar a gobernantes y mandamases; a millonarios y demás gente influyente o con poder. En las ediciones sólo se leen y escuchan historias de gente rica y famosa, de la política que vivimos y que es la mejor. En un televisor que acaban de instalar en un local emiten “paquetes” de alabanzas a los que gobiernan y mandan, nodo, futbol y toros… Una matrona, repara en la televisión y se despacha a gusto con un grupo de esos que mandan, que están largando de manera descarada y no ha podido evitar exclamar: ¡válgame Dios! ¡Cuánto necesitará esa gente tan falsa, que son como la voz de Dios, aprovechándose siempre de la debilidad de la gente sin posibles y del sudor de los pobres! La emisión cambia, apareciendo un “starring” sobre hazañas bélicas y nada más comenzar la película, se ha marchado un anciano, que renquea de la pierna derecha, exclamando: ¡pero qué sabrán éstos lo que es una guerra de verdad!… Acabado el filme de guerra, el Nodo una vez más, en el que ha sido concedida la medalla del mérito al trabajo al embajador de “tal” y ha sido condecorado el gobernador y el ministro de “cual”. Pero del obrero que nació y vive penando empuñando los aperos del campo,-prosigue el contestatario muchachuelo- lleno de grasa en un taller, en una fábrica o en un andamio embadurnado de yeso y cemento, a todas esas personas que agarran sus herramientas de trabajo, desde la salida del sol hasta que se pierde en el ocaso, a esos nadie les concede nada, nacen y mueren yéndose a la tumba con su humilde mortaja. En unas líneas de las Sagradas Escrituras he leído también,-persiste el jovenzuelo- que más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja que un rico entrar en el reino de los cielos. Casi todos los gobernantes de todas las naciones del mundo son ricos, por tanto irán al infierno ¡claro!, lo cual no concuerda con lo de reinar por la Gracia de Dios. Casi todos al morir dejan unas fortunas tan grandes que, sus hijos, sus nietos, sus biznietos y así hasta un montón de generaciones pueden vivir inundados de riquezas, sin temor a tener que ganarse el pan con el sudor de sus frentes y si aprovechándose del sudor de los que estamos hechos unos esclavos. Engañándonos continuamente, matándonos a impuestos y ellos tan panchos, más cacos que los amigos y compañeros de Reinaldos de Montalbán. Pero disponen de cuadrillas de abogados, que una misma panorámica hoy la pintan de color blanco en el lienzo y mañana de negro. Y a los señores justiciables, cualquiera les dice ojos negros tienes… Ha habido muchos gobernantes, entre ellos reyes, que no han tenido nada de pobres ni han compartido sus fortunas con los más necesitados y después de muertos figuran como santos. Escuchamos, leemos y cuentan historias –machacaba con genio el mozo- de que los poseedores de grandes fortunas, esclavizadores y opresores sociales, no solo pueden ir a los cielos, si no que los Santos Padres les “otorgaban de corazón” la Bendición Apostólica. Lugo entonces queda claro que amasando grandes fortunas, no importa cómo ni a costa de qué, se manda en los reinos de este mundo y en los de los de los cielos. ¡Pero..,! ¿Qué lío es este?”.

Atrás lo puntualizado por el muchacho, hace más de medio siglo ya; hoy, fallos con razonamientos únicos y prepotentes, y alarmantes episodios de corrupción de “Ilustrísimas”, que prometen y también juran por su conciencia y honor, disfrazados, a veces, con hábitos pardos de palafraneros, sin importarles sus embustes ni abusos, ni exculparse jamás ante la “asamblea ciudadana”, por sus artimañas, maldades y puercas habilidades de Cacos; que tienen el bulto y el botín ante sus ojos y accesible a sus manos, habrán de semejarse, por endiosados y avaros, a los amigos y compañeros de Reinaldos de Montalbán.

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