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¿El desayuno es tan importante como nos cuentan? – Sara Jiménez Huertas, Dietista y Nutricionista – Ed. 390

En casa siempre nos han dicho que es de vital importancia desayunar para rendir en la escuela. Siempre hemos escuchado aquello de “desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo”. En todas las casas, nunca ha faltado un buen vaso de leche con cacao soluble, unas galletas y un zumo de naranja.

¿Pero hasta qué punto eso es saludable? ¿Es tan importante desayunar todos los días?

No hace mucho tiempo, una noticia sobre el desayuno se hizo eco porque comparaba el peligro de no desayunar con fumar, situando ambas cosas a un mismo nivel.

Aunque desde hace años nos hayan intentado convencer que el desayuno es la comida más importante del día, debemos cambiar la mentalidad con respecto a este tema. Si vamos a desayunar media caja de galletas con un vaso de leche y cacao soluble o unos croissant de chocolate, es mejor no desayunar. Eso no es saludable.

Para comenzar, vamos a conocer el mecanismo de saciedad. Hay personas que necesitan tomar algo nada más levantarse para no llegar con tanto apetito a la hora de la comida. En cambio, hay otras personas que se despiertan, se van a trabajar y llegan a la hora de comer con el apetito justo para comer.

Si tu cuerpo no te pide comer, no tiene apetito, no tienes que forzarlo a comer simplemente porque lo hayas oído en las noticias. De manera más simple para que todos lo entendamos: no tenemos que forzar a la máquina a comer, al igual que no llenamos el depósito de gasolina de nuestro coche cuando aún está lleno. Con nosotros pasa lo mismo.

Debemos aprender a escuchar a nuestro cuerpo y saber cuando el mecanismo de saciedad, que nos informa de que si tenemos o no hambre, está actuando.

Vamos a dejar de preocuparnos por nuestro metabolismo. Nuestro cuerpo es lo bastante inteligente como para pedirnos comida cuando la necesite. Si por las mañanas no tienes apetito, no comas. Ahora bien, si tienes apetito y quieres desayunar, hazlo, pero hazlo de manera saludable y dejando atrás toda la parafernalia que rodea a esta comida.

Han querido acostumbrarnos a que el mejor desayuno es un vaso de leche con cacao soluble, unas galletas y un zumo de naranja, cuando en realidad se trata de una bomba de azúcar enorme e insana para comenzar el día.

Si vas a desayunar, hazlo con cabeza y come lo que te apetezca. No es necesario comer siempre lo mismo; ¿te imaginas comer todos los días lentejas? Sería algo agotador. Lo mismo ocurre con el desayuno. ¿Por qué tenemos que desayunar siempre lo mismo? Te invito a que modifiques todos los días tu desayuno y descubras cosas nuevas y deliciosas.

Por otro lado, muchos de los que están a favor de desayunar y lo defienden a capa y espada tienen la certeza de que nuestro organismo necesita azúcar en la mañana para poder desayunar. Esto es absolutamente falso.

Existe evidencia científica bastante robusta que demuestra que el cerebro no funciona con azúcar, si no con glucosa, que está presente de manera natural en frutas, verduras, legumbres, frutos secos… El azúcar de unas magdalenas o de unas galletas no es necesario para comenzar el día. Por ello, si quieres comenzar el día con un café con leche y un pincho de tortilla, adelante, esto es mucho más saludable que un vaso de leche con cinco galletas.

El principal consejo que puedo darte es que escuches a tu cuerpo. Un día te pedirá desayunar un café con leche y unos frutos secos y otro día no te pedirá nada.

Un segundo consejo es que te alejes de los desayunos que anuncian en la tele. Estos están cargados de azúcar, grasas de mala calidad y harinas refinadas que no ayudan para nada a nuestro cuerpo, son insanos y se alejan bastante de lo que nuestro organismo necesita.

Desayuna lo que te apetezca. Aquí te dejo unos ejemplos de lo que podría ser un desayuno saludable y que fácilmente podemos reproducir en casa por las mañanas:

– Café con leche o bebida vegetal y una tostada de aguacate con kiwi.

– Té con leche y cacao puro y un porridge de avena con frutos secos.

– Café sólo con un huevo revuelto y calabacín.

– Té rojo con un pincho de tortilla.

– Sobras de la noche anterior.

– Té verde con una tostada de hummus y zanahoria rallada.

Como vemos, es muy fácil elaborar un desayuno saludable que sí que contribuya al rendimiento de nuestro organismo. Debemos alejar el clásico desayuno que siempre han intentado inculcarnos y dar paso a una variedad mayor de comidas. Si tu desayuno no se parece a los de la televisión, estás haciendo las cosas bien.

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