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El adiós a María Moreno, esposa de Antonio López

El famoso artista, Antonio López García, ha sufrido la pérdida de su señora, María Moreno, tras fallecer el 18 de febrero, a los 87 años de edad, víctima de una larga enfermedad. Por la capilla ardiente, del tanatorio de ‘La Paz’, en Tres Cantos, han pasado familiares y amigos, así como numerosas personalidades, especialmente del mundo del arte, como los del colectivo ‘Realistas de Madrid’, quienes han dado el último adiós a la maestra de la pintura realista.

Pablo Ortiz

María del Pilar Moreno Blasco conoció a Antonio López García en 1954, cuando estudiaban en la Academia de Bellas Artes de ‘San Fernando’. A los seis años se casó con Antonio, vivió en Madrid y tuvo dos hijas. Siempre permaneció al lado de su marido, lo que hizo que fuera desconocida para el gran público, a pesar de contar con una obra muy valorada, gran parte de ella, en colecciones privadas de España y de varios países internacionales.

La pareja pertenece a una generación de pintores realistas y lucharon contra el impresionismo abstracto que se llevaba en las décadas de los cincuenta y sesenta, ya que el realismo no estaba bien considerado.

Ahondando en la profesionalidad de María, señalar que destacó por la magia y la claridad que desprendía su obra. En este sentido, se manifestó su esposo, Antonio López, natural de Tomelloso, recordando que «me enamoró como pintora, su naturalidad y su maravilla. No tenía un deseo de hacer muchos detalles -afirmó-, aunque captaba muy bien la luz y el alma de lo que veía. Para mí fue un descubrimiento extraordinario».

GRANDES CRÍTICAS

La vida y obra de la fallecida es muy valorada, como es el caso de Pepe Carretero, el pintor tomellosero que ha tenido una estrecha relación con la pareja. Para él, «Mari es la persona más bondadosa que he conocido. No se trata de una alabanza vana a su muerte -decía- y tengo relatos y otros escritos en los que muestro lo que siento».

La artista madrileña pintando en su estudio.

María Jesús Salazar, conservadora del Museo ‘Reina Sofía’, al afirmar que «apostaba, especialmente, por el color verde de las flores. Tenía una gran sensibilidad para captar los entornos naturales y hacerlos más cercanos». Mientras, la crítica de arte, María Oropesa, le llama la atención los azules, los grises y los blancos, «casi deslumbrantes que muy pocos artistas han logrado conseguir. Es una pintura mística y mágica -añadía-, con unas perspectivas que te incitan a andar por el corredor del jardín…»

Entretanto, el catedrático, Francisco Calvo Serraller, expuso que fue una mujer introvertida, «muy espiritual que ha creado un mundo imaginario que le protegía de la realidad y, a la vez, es el que le lleva al arte».

La categoría pictórica de esta artista se pudo comprobar en su última colectiva en el ‘Thyssen-Bornemisza’ de Madrid, realizada en 2016, a través de unos cuadros luminosos y cálidos, al lado de otros realizados por pintores del ‘Realismo Madrileño’, sus grandes amigos.

Los dos maestros recogiendo el ambente del exterior madrileño.

María junto a su marido, Antonio López, en el taller de escultura.

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