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Editorial: La cigüeña vuela alto. Ed. 390

España es uno de los países del mundo con menos nacimientos por habitante. Nunca la tasa de natalidad había sido tan baja como la de ahora, ya que hay comunidades autónomas en las que las defunciones superan a los nacimientos. En el caso de Castilla-La Mancha, también está sufriendo la disminución poblacional.

Se trata de un problema generacional que padece el continente europeo, donde el indicador de fecundidad está muy ligado a los ciclos económicos, la transformación del mercado de trabajo, el estado de bienestar y el factor cultural, entre otros. A la vez, el modelo de familia se está transformando, como es el hecho de tener hijos fuera del matrimonio, algo inusual en anteriores decenios.

Centrados en las últimas décadas, a partir de los noventa, las cifras de nacimientos en España han descendido espectacularmente, si bien, ha repuntado algo gracias a la inmigración que se produjo desde los años 2000 al 2008, lo que ha permitido una magnitud poblacional en España alrededor de los cuarenta y seis millones y medio de habitantes, incluidos los casi cinco millones de extranjeros empadronados, de origen latinoamericano, marroquí y rumano, principalmente.

Dichos indicadores marcan claramente la tendencia a la baja en natalidad, sobre un país que aumenta en su esperanza de vida, evidenciando unas oscuras expectativas en cuanto a generación de productividad, riqueza y empleo, que puede llegar a convertirse en un problema de Estado.

La mayor parte de los estadistas coinciden en que este hecho está producido por el cambio evolutivo femenino en la sociedad, al ser más autónoma, trabajadora y menos dedicada a las labores hogareñas. Además, se percibe escaso interés en procrear por considerar que la crianza de los descendientes es muy costosa y condiciona a la pareja para sacar adelante a su prole. Por contra, aquellas mujeres que deciden tener hijos, piensan en alargar la fecha de la procreación más allá de los treinta años, algo inusual en pasadas generaciones no muy lejanas en el tiempo.

Los representantes de la Fundación Renacimiento Demográfico piensan que estamos pasando por una alteración demográfica por la aparición de nuevos comportamientos sociales, que conllevan a que los hijos no sean deseados. Tales circunstancias conllevarían a que la población de jóvenes sea inferior a los índices que convendrían a una sociedad para desarrollarse óptimamente. Mientras tanto, los demógrafos del Centro de Ciencias Humanas y Sociales reconocen la caída de nacimientos y la prolongación de la edad de los individuos.

Para constatar esta realidad, cabe retrotraernos unos cincuenta años, cuando las parejas solían tener entre cuatro y seis hijos de media (lo que suponía familia numerosa y con derecho a ayuda social) y actualmente, se promedia entre uno y dos hijos.

Por tanto, es notorio que los universos sociales de hace medio siglo no son equiparables a la actual singladura o derroteros del mundo actual y futuro.

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