Estas en: Inicio » Agricultura » DESPEDIR EL AÑO CON UVAS Y ESPUMOSOS DE LA TIERRA

DESPEDIR EL AÑO CON UVAS Y ESPUMOSOS DE LA TIERRA

Durante las fiestas navideñas, el vino se convierte en protagonista de mesa, reflejando la tradición cultural de una bebida especial que se produce, especialmente, en la Mancha. En concreto, son días de reencuentro, donde la gastronomía adquiere un papel especial, sin importar demasiado los excesos calóricos, sino el aporte familiar.

PABLO ORTIZ PERONA

Nuestras costumbres más arraigadas, como el ritual de las campanadas de Nochevieja, poseen un guiño al sector vitivinícola. Aunque, es habitual utilizar uvas preparadas para su consumo durante las campanadas, cabe recordar que en los pueblos de La Mancha era tradicional guardar una selección de los mejores racimos, colgándolos en las cámaras y en los jaraíces, para prolongar su consumo hasta estas fechas.

Típica imagen de las uvas manchegas colgadas, principalmente, en la casa de los pueblos para poder degustarse a finales de año.

En todo caso, las «uvas de la suerte» marcan el cierre del año, unido con un brindis de espumosos, procedentes de la Denominación Origen ‘La Mancha’, por ciento, muy competitivos por su sutileza y finura que están llegando a todos los continentes, algo impensable hace varias décadas.

ROMA, REFERENTE DE LA NAVIDAD
La descripción no corresponde a la sociedad occidental contemporánea, sino a la antigua Roma, con las fiestas Saturnalia que se celebraban del 17 al 23 de diciembre, coincidentes con el cambio de ciclo agrícola, como transición en el paso al solsticio de invierno. A partir de estas fechas, las jornadas comienzan a estirar sus horas de sol hasta completar su «día más largo», con la llegada del solsticio de verano.
Posteriormente, como también haría en su santoral con otros usos y costumbres, adoptados del calendario romano, la Iglesia adaptaría las fiestas Saturnalia en honor al Deus Sol Invictus («el invencible Dios Sol» que triunfa sobre la noche) a la llegada del mesías de la tradición judeocristiana.

DESDE ANTAÑO, VINO Y GASTRONOMÍA
Además del derecho, la historia y hasta los comportamientos sociales y familiares, a las viejas costumbres romanas le debemos el placer de la buena mesa. Y es que, en los banquetes de aquellas clases más acomodadas, el vino formaba parte de aquellas veladas. Sin duda, una tradición de la propia cultura clásica que ya viene de mucho antes, cuando en la Antigua Grecia, el vino aparecía en las discusiones y encuentros (conocidos como Symposium o banquete de los antiguos griegos). Es más, los cimientos de la filosofía clásica fundan sus orígenes con la gastronomía; por ejemplo, uno de las obras más celebres de Platón se titula «El Banquete» y tenía al vino como elemento indispensable.

Mesa lujosa de fin de año.

En la actualidad, el vino acompaña en tertulias y en debates de sobremesa, teniendo en cuenta que es el arte del maridaje, resultante de su combinación en la armonía de platos para el menú. Una labor, que hoy ejercen profesionalmente los sumilleres pero cada cual puede aventurarse desde el entusiasmo y la pasión por lo caldos.
Resulta placentero encontrar el punto adecuado para cada propuesta gastronómica. Por fechas, llegan mejor que nunca a la mesa los nuevos vinos jóvenes de la añada, especialmente los tradicionales blancos Airén, por sus aromas frutales y su paso ligero en boca. Por su toque de frescura y acidez, los convierte en compañeros inseparables de entrantes, arroces, ensaladas y aperitivos en general. Variedades también adaptadas al terruño manchego, en una clara apuesta por la sostenibilidad, como la blanca chardonnay o la sauvignon blanc, que permiten su disfrute con platos de pescado más grasos y contundentes.
Todo ello, se prescribe para los vinos rosados, que sobresalen por su toque de juventud y frescura, con inconfundibles aromas de fruta roja y golosina.
Los que opten por la cercanía de los aromas frutales, encontrarán en los tintos jóvenes de ‘La Mancha’ una oferta muy interesante con sus tintos tempranillo, en una añada marcada por la sinceridad varietal y la tipicidad de zona, que apuntan a perspectivas de excelencia en la calidad.
En caso de que el consumidor de tintos de paso por madera, sobresale un justo equilibrio de tintos que marcan su personalidad con aromas terciarios (vainilla, roble y tostados), integrando el recuerdo, aún presente, de los toques de fruta negra y especias, como la nuez, clavo o canela.

Autor

Numero de entradas : 10252

Deja tu comentario

Accede para comentar logged in

© 2019 Revista Pasos

Scroll to top